La aguja del manómetro debería estar entre 1 y 1,5 bar con la caldera fría. Si cada pocos días tenés que abrir la llave de llenado, el agua se está yendo a algún lado, y eso nunca es normal.
Las tres causas más comunes. Primero, una fuga en el circuito: puede ser mínima, en una unión de radiador, una válvula o un tramo de cañería embutido, y no siempre deja mancha visible. Segundo, el vaso de expansión descargado o vencido: es la causa número uno que vemos en visitas; el equipo expulsa agua por la válvula de seguridad cada vez que calienta y la presión cae al enfriarse. Tercero, la propia válvula de seguridad que quedó goteando después de una sobrepresión.
Por qué no conviene 'cargar y seguir'. Cargar agua todas las semanas repone oxígeno y minerales en el circuito. Eso oxida radiadores, tapa el intercambiador con sarro y termina en una reparación mucho más cara que la fuga original.
Qué hacemos en la visita. Medimos la presión del vaso de expansión, probamos la válvula de seguridad, revisamos uniones y purgadores, y si hace falta presurizamos el circuito para ubicar la fuga. La mayoría de los casos se resuelve en una sola visita.
Las calderas murales modernas se protegen solas: cuando detectan algo fuera de rango, se bloquean y muestran un código. El código no es el problema, es la pista.
Los bloqueos más frecuentes. Falta de llama (el equipo intenta encender tres veces y se bloquea): puede ser gas, electrodo o placa. Sobretemperatura: casi siempre circulación pobre por bomba o sarro. Baja presión de agua: ver nuestra guía de presión. Falla de sonda: una resistencia eléctrica que cambió de valor y desorienta a la placa.
Rearmar sí, insistir no. Rearmar el equipo una vez está bien. Si el error vuelve el mismo día, insistir solo desgasta componentes y en algunos casos es peligroso: el bloqueo existe para protegerte.
Nuestro método. No cambiamos piezas 'a ver si era eso': medimos. Presiones de gas, ionización de llama, resistencia de sondas, presión de agua. Por eso la mayoría de los diagnósticos quedan resueltos en la misma visita y con el repuesto justo.
Mantenimiento anual: qué incluye y por qué conviene hacerlo en otoño
El 80% de las urgencias de julio que atendemos venían avisando desde hacía meses: una llama sucia, una presión que bajaba, un ruido nuevo. El mantenimiento anual existe para escuchar esos avisos a tiempo.
Qué incluye un service completo. Limpieza de quemador y de intercambiador, control de combustión, verificación de presión de gas y de agua, prueba de seguridades (sondas, presostatos, válvula de seguridad), revisión del vaso de expansión, control de estanqueidad y de evacuación de gases.
Por qué en otoño. Marzo a mayo es el momento ideal: el equipo llega revisado al primer frío y cualquier repuesto se consigue sin la demora de la temporada alta. En julio, todos los service del país están corriendo detrás de urgencias.
El beneficio silencioso. Una caldera con el intercambiador limpio consume menos gas para el mismo calor. El mantenimiento no es un gasto: se paga solo en la factura de gas y en las urgencias que no vas a tener.
¿Reparar o cambiar la caldera? Cómo decidirlo sin que te vendan de más
Es la pregunta que más nos hacen frente a una reparación grande. Nuestra regla es simple y te la mostramos con números en la visita.
Cuándo conviene reparar. Si el equipo tiene menos de 10-12 años, la falla es puntual (válvula, bomba, sonda, placa) y la estructura está sana (sin corrosión en el intercambiador ni historial de reparaciones encadenadas), reparar es la decisión correcta: una caldera bien mantenida vive 15 años o más.
Cuándo conviene cambiar. Si la reparación supera el 40-50% del valor de un equipo nuevo, si ya no hay repuestos confiables para el modelo, o si se suman dos fallas estructurales (intercambiador + placa, por ejemplo), seguir invirtiendo es tirar plata. Ahí te lo decimos sin vueltas.
Nuestra política. Vivimos de reparar, no de vender equipos: no tenemos incentivo para empujarte un recambio. Cuando lo recomendamos, es porque los números no cierran de ninguna otra forma, y el presupuesto del equipo nuevo incluye la instalación por gasista matriculado.
Radiadores fríos arriba y calientes abajo: guía para purgar (y cuándo no alcanza)
Si un radiador calienta a medias, casi siempre hay aire acumulado en la parte alta. Purgar es sencillo y podés hacerlo vos mismo.
Cómo purgar en 4 pasos. Con la calefacción apagada y el equipo frío: 1) ubicá el purgador en la parte superior del radiador; 2) abrilo despacio con la llavecita o un destornillador plano, con un trapo abajo; 3) dejá salir el aire hasta que salga un hilo de agua continuo; 4) cerrá y revisá la presión de la caldera (si bajó de 1 bar, reponé agua).
Cuándo purgar no alcanza. Si el aire vuelve cada pocos días, hay algo más: entrada de aire por una junta, vaso de expansión con problemas o una bomba que cavita. Si además algunos radiadores calientan y otros no, el circuito necesita equilibrado: es regulación, no magia.
El caso del piso radiante. El purgado del piso radiante se hace en los colectores y con método: mal hecho puede dejar bolsones de aire en los circuitos. Ahí sí conviene que lo haga un técnico.
¿La caldera consume más gas que antes? Cinco causas y sus soluciones
Si la factura subió y el uso es el mismo, la caldera está trabajando más para entregar lo mismo. Eso siempre tiene causa técnica.
1. Intercambiador con sarro. El sarro es aislante: la llama calienta, pero el agua recibe menos. El equipo compensa quemando más tiempo. 2. Combustión desregulada. Llama amarilla o con hollín = mezcla pobre de aire/gas = menos rendimiento. 3. Aire o barros en el circuito. Radiadores que calientan a medias hacen que la caldera nunca llegue a régimen. 4. Termostato o sonda descalibrados. El equipo 'cree' que hace más frío del real. 5. Pérdidas chicas de agua caliente. Reponer agua fría constantemente obliga a recalentar.
Qué revisar primero. El color de la llama (azul y estable es lo correcto), la presión, y si los radiadores calientan parejos. Con esos tres datos, un técnico ya sabe por dónde empezar.
El mantenimiento anual ataca las cinco causas a la vez. Por eso los equipos con service al día consumen notablemente menos: es la mejora de eficiencia más barata que existe.
Olor a gas: qué hacer (y qué no) en los primeros cinco minutos
Esta guía es la única de la lista que conviene leer antes de necesitarla. El olor a gas es una urgencia real y los primeros minutos importan.
Qué hacer, en orden. 1) Cerrá la llave de paso de gas del departamento o de la casa. 2) Abrí ventanas y puertas: ventilá todo lo posible. 3) Salí del ambiente con los demás ocupantes. 4) Recién desde afuera, avisá: a la distribuidora de gas por la emergencia y a un gasista matriculado para la reparación.
Qué NO hacer. No acciones llaves de luz ni enchufes (ni para prender ni para apagar), no uses el ascensor, no enciendas llamas, no busques la fuga con un encendedor (pasa más de lo que se cree) y no tapes el olor con ventilación sin cerrar el gas: la fuga sigue.
Después de la emergencia. La reparación sobre gas debe hacerla o supervisarla un gasista matriculado, con prueba de hermeticidad al terminar. Y si la fuga vino de la caldera, el equipo necesita revisión completa antes de volver a funcionar.
Monóxido de carbono: la revisión que no se ve pero más importa
El monóxido no se ve ni se huele, y por eso la prevención no es opcional: es parte de cualquier service serio de calderas y calefactores.
De dónde sale. De una combustión incompleta: quemador sucio, falta de aire, conducto de evacuación obstruido o mal tiraje. Una caldera sana con evacuación correcta no genera riesgo; una desatendida, sí puede.
Las señales indirectas. Llama amarilla o inestable, hollín alrededor del equipo, condensación excesiva en los vidrios del ambiente, dolores de cabeza que aparecen en casa y se van al salir. Cualquiera de estas amerita revisión inmediata.
Qué revisamos nosotros. En cada mantenimiento: combustión, estado del conducto y del tiraje, y rejillas de ventilación reglamentarias del ambiente. Además recomendamos detector de CO en ambientes con artefactos de llama: cuesta poco y avisa a tiempo. Es la parte del trabajo que no se luce, y la más importante de todas.